Venezuela y el Muro de Berlín.

El trato fanático que ciertos medios de comunicación dan a la información que llega desde Venezuela es digno de lo que en 1950, en el contexto de la Guerra Fría, el National Security Council Estadounidense (NSC) definió como propaganda: “todo esfuerzo o movimiento organizado para distribuir información o una doctrina particular mediante noticias, opiniones o llamamientos pensados para influir en el pensamiento y en las acciones de determinados grupos”. En El Mercurio Miente sabemos que es un derecho fundamental poder expresar nuestras opiniones. Pero el ataque al gobierno Venezolano basado en mentiras, citas sin fuentes y distorsión de la realidad, nos hace volar por un instante sobre el Muro de Berlín.


Un ejemplo de esto lo leemos en El Mercurio del día 12 de Noviembre con el titular “Chávez apura el paso de su socialismo: El gobierno financia consejos que crean puestos de trabajo y hacen campaña por el oficialismo.”
Como hemos dicho en esta página, la mayoría de los lectores se informan sólo con los titulares. Con este encabezado, podemos concluir inmediatamente que el gobierno venezolano entrega dinero público para hacer campaña política. Inferimos además, la creación de puestos de trabajo como una maniobra electoral. Ojeando los dos primeros párrafo de la noticia nos queda la cara de tontos con la monumental cátedra de democracia a la que asistimos. Mientras en Chile el porcentaje de abstencionismo electoral sorprende a los políticos, quienes no quieren admitir el descontento de la población con un sistema que los excluye, no los representa y que sólo los utiliza cada tanto para hacer una línea en una papeleta, “los consejos van ganando peso en Venezuela, gracias a las potestades y los crecientes recursos concedidos por Chávez, quien va fortaleciendo así su vínculo directo con los ciudadanos”. Basta con entrar a Wikipedia para enterarnos que un Consejo Comunal es “una forma de organización de la comunidad, desarrollada en el ordenamiento jurídico venezolano en el marco de la revolución bolivariana, donde el mismo pueblo es quien formula, ejecuta, controla y evalúa las políticas públicas, asumiendo así, el ejercicio real del poder popular, es decir, poniendo en práctica las decisiones adoptadas por la comunidad.” ¿Que clase de sistema perverso es aquél donde una trabajadora textil de una fábrica creada por un consejo comunal diga que “Todos trabajamos por la igualdad, hacemos lo mismo y el sueldo es igual para todos”?
¿Y dónde está el problema de esta sistema económico según El Mercurio? Pues  que “sus críticos denuncian que se trata de una forma de asegurar, a base de la renta petrolera, “lealtades políticas” en los consejos, que en épocas electorales se movilizan por el voto y en muchos casos reciben cursos sobre la “revolución””. El periódico no cita quienes son sus “críticos” y se preocupa de poner en comillas la palabra “revolución”. ¿Utiliza comillas El Mercurio cuando se refiere a las revoluciones de la llamada “primavera Árabe? No. Al parecer sus editores se dan el trabajo de interpretar cuáles son revoluciones y cuáles no.

Es verdad que uno de los argumentos que utiliza la oposición al gobierno de Chávez es que su modelo socialista es inviable ya que depende de los “petrodólares” y en cualquier momento todo se cae. Una mirada rápida por la página Routers Amérca Latina, nos muestra que Venezuela no entra en los cinco primeros países exportadores de petróleo, no aparece en los gráficos de los quince primeros consumidores y es apenas el noveno en producción de crudo. Pero lo que realmente duele a algunos es que la principal empresa petrolera del país con la segunda mayor reserva según informes de la CIA, sea de propiedad estatal y Venezolana.
¿Se imaginan a la prensa diciendo que Noruega con sus fuerte proteccionismo comercial, derechos sociales, alejado de la UE, con un nivel de vida líder a nivel mundial, tiene un sistema de gasto público inviable porque el petróleo y gasolina constituyen el 35% de sus exportaciones y sin ello no podría vivir? Aún menos veremos al duopolio Chileno o al Grupo Clarín hablando de los “Cobredólares” chilenos, con la diferencia que más del 70% se lo llevan las transnacionales y del resto los chilenos vemos poco y nada, excepto justamente en todos los subsidios electoraleros y clientelistas.

El problema no es tener ingresos suficientes para crear empleos fomentando la industria, sino quién los crea. El mismo artículo recalca que cuatro consejos comunales inauguraron el mes pasado sus empresas de madera, textil, vidrio y aluminio y plástico. “El conglomerado recibió US$ 720.000 del Estado, que aspira a crear 30.000 de estas empresas en seis años”. Pero la periodista no puede dejarlo ahí y debe cerrar el párrafo con broche de oro: “Por ahora, los empleados reciben formación práctica e ideológica”. Al parecer en Venezuela crear puestos de trabajos es proselitismo, y la capacitación técnica y el desarrollo empresarial que ocurre fuera de países con gobiernos como el de nuestro presidente Piñera o del presidente Santos en Colombia es inmediatamente adoctrinamiento. ¿Se imaginan en El Mercurio una noticia que diga “El gobierno Chileno crea un fondo para el pequeño y mediano empresario con cursos técnicos e ideológicos basados en la doctrina capitalista. Sus detractores dicen que busca la creación de empleos con fines electorales”?

 

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